Esto es para ti.
Aunque sé que quizá jamás lo vas a leer, lo voy a escribir para desahogarme, sólo para eso y nada más. Nuestras distancias son tan amplias y complejas que, aunque te vaya a ver en persona, la esperanza de que puedas leer y entender esto...ya ni siquiera es esperanza, ni siquiera puedo imaginar como conectar contigo de esta manera. Creo que ahora comprendo lo que en realidad significa la distancia...
El tiempo y el espacio no se comparan a lo que nos toca vivir, tú encontraste tu camino en la manera que yo, inconscientemente, me concentraba en objetivos que me alejarían del tuyo. Yo buscaba mis objetivos y tu también (quizá lo seguimos haciendo, quizá andamos igual de perdidos...eso no quiere decir que conectemos); ahora, nuestros mas profundos miedos se han encontrado, justo, justo al final del cuento!. Y PARA QUÉ?, para darnos cuenta de que esto nos mantendrá para siempre separados sin remedio. ¿Por qué tuvo que ser al final?, después de haber, aunque sea por unos minutos, soñado con esa felicidad que se nos hacia tan familiar, tan cercana, tan tú y yo. No hablo de la felicidad intrínseca del primer contacto, ni de los latidos que sientes cuando te conectas al chat (tampoco me hables de química, porque tu ilusión la quiero vivir como sobrenatural, porque así lo merece), hablo de la visión que representabas cuando me decías que "no importa en que situación esté, te voy a conocer sí o sí". Yo soñé que lo decías en voz alta allá donde te encontrases.
Hoy parece que el eco jamás llegará...
...se ha debilitado en algún punto del universo.
EN CUANTO AL ESPACIO.
No son solo miles de kilómetros. Siempre quise irme a vivir a otro lugar, imaginé un escenario en donde las historias tristes, las penas y toda secuela de mis errores se desvanecerían por cualquier razón (tu sabes, mediante nuevas experiencias, nuevas oportunidades). Me han dicho que, aunque huya de mis fantasmas a cualquier sitio, jamás voy a estar en paz si yo mismo no lo estoy conmigo. Curiosamente, todas las personas que me lo han recordado, son aquellas quienes jamás habían intentado escapar, aparentemente. ¿Tu también escapaste tantas veces como yo?.
EN CUANTO AL TIEMPO.
Son años ya, y me desespera que estemos así. Si he contado los años es que así me voy perdiendo, olvido lo que no está meditado, guardo la añoranza y, por sobre todo, me da miedo lo que venga. Es irónico porque siempre tuve mala visión del futuro y ojalá esta vez también me esté equivocando de la manera más rotunda, ojalá sea eso. Tu estás mas obligada a pensar en el momento, por tu situación, te entiendo, no te preocupas ni lo sientes. Simplemente dices que te resignas y ya. ¿Crees que podríamos concatenar algo de esta manera?.
Ojalá pudiera cambiar todo, todo el mundo desearía tener ese super-poder; pero creo que aún con eso, sería importante meditarlo. Aún tengo una opción de volver a hablarte una vez más, tengo una opción de ir a contarte a los ojos lo que deseo de ti y preguntarte si aún quieres algo de mi, pero creo que aún haciendo eso, sería importante meditarlo antes...y es así como vuelvo al vórtice de nuestra distancia. No es tu culpa, pero si es que no salgo de ahí, es porque no puedes...
...Y yo no te puedo salvar.
Estoy en los mapas buscando un nuevo lugar a donde escapar, aunque sea por un momento antes de volver a tocarme el corazón, me gusta Pekín, o Medio Oriente...Europa ya no tanto; y mientras, tú...ahora mismo no se de ti, quizá si decides conectarte y mandar un mensaje, se que es masoquismo puro, pero es que en este momento prácticamente ya nada en esta realidad importa.
Definitivamente este es uno de los veranos más oscuros.
CDQB
jueves, 5 de julio de 2018
viernes, 2 de febrero de 2018
El “Güichi timbres” o “Pasó”
Extraído de mi cuenta de Facebook, lo escribí un sábado al mediodía (27/01/2018). Me gustaría volver a escribir, es una de las cosas a las que le he dedicado mucho interés y aunque no pueda hacer gala de un buen vocabulario voy a intentar mejorar mi métrica de a poco, mi impulso es plasmar mis pensamientos en un lugar donde se puedan compartir sin muchas dificultades. Si me lees te doy miles de gracias.
Son casi las dos de la tarde, y, a pesar de que no son horas en las que mi cerebro se pone a funcionar en una forma lógica (es que soy más búho), me pongo a pensar acerca de las actitudes violentas que a veces me ponen entre el límite de lo hodiernae hominum y el paleolítico; pondré como ejemplo que ayer tuve un examen y al finalizarlo me daban ganas de tirar la silla por la ventana, no me había ido bien y sentía que mi última forma de defenderme ante el fracaso era la destrucción total del sistema que me rodeaba mediante violencia pura y sanguinaria, así iba a salvar mi alma de las malas notas -al menos- y de la propia desazón que me crearía yo mismo por no haber estudiado un poco más. “Es mi naturaleza” me digo, “es un instinto humano ante la amenaza” me digo otra vez, “así funciona el caos” para finalizar. Luego de reflexionar en el tiempo que tardo en guardar mis cosas en la mochila, resuelvo que si la silla quisiera tirarme a mi por la ventana estaría bien por ella, y mal para mi porque ya no podría escribir más tonterías; obviamente por eso alguien se inventó los derechos humanos, y luego me pregunto si habrá alguna manera de sacar algo bueno de ese “instinto” tan anarquista que me ataca de vez en cuando, ¿se puede obtener energía limpia de la violencia?.
Todo tiempo pasado fue mejor, oh! la nostalgia oh!, a ti me remito a veces cuando quiero buscar solución a mis banales filosofías y/o huecas concertantes entre mis multiversales yo yo yo, y por suerte encontré en ti algo que me trae muy dolorosos y divertidos -a la vez- recuerdos: los “guichis” (llamado así en Cochabamba aunque tiene variantes similares en el oeste de Bolivia, en donde se le llama “pasó”), esos jueguitos que solíamos practicar tanto en la escuela como en cualquier otro ambiente donde te suene un timbre (véase: timbre campana, esa cosa que suena cuando la hora de clase se acaba). Las patadas en el “trasero”; los laq’asos (en quechua laq’ay: abofetear, sopapo) en la nuca y los puñetazos en la espalda tan fuertes que pensabas que quedarías con parálisis permanente; y, de vez en cuando, las patadas voladoras que te hacían reír mas que cuando en el circo (siempre y cuando no sea uno mismo el mártir del juego). Todo esto formaba parte de nuestra cultura escolar intrínseca, aunque no me estoy saliendo más allá de lo que en mi niñez y adolescencia vivía, pienso que de diversión nos llenaba e incluso avivaba nuestra amistad, tanto que hoy considero a mis mejores amigos a aquellos con los que compartí esas épocas. ¿Cómo empezaba el juego?, se acuerda entre dos compañeros, habían de ser conocidos y tener al menos un mínimo de confianza (para que te peguen); el pacto se hacia con los meñiques y cada par decidía en que circunstancias se “golpearían”; lo universal era cuando el timbre del colegio sonase y la única manera de salvarse del embate era mostrar al otro(a) los dedos índices y medio entrecruzados, así quedarías inmune hasta el próximo toque de timbre, todos los días lectivos así hasta el fin de los días (de cole). Buscando por Internet no he podido encontrar más que simples referencias en comentarios, el juego -tal como lo conozco- al parecer estaba extendido por algunas regiones de Chile y Perú, no sé nada más acerca de otros lugares en donde pase algo así -habría que intentar con otras terminologías-, al parecer en las escuelas europeas no sucede (razones para no hacer oda a esto las tienen por referencias históricas).
Al final de mi bachillerato (en humanidades), solía definir a esta pequeña parte de la vida como imprescindible, ya que esto nos ayuda a desquitarnos o mejor dicho, relajarnos de las presiones diarias (que a esa edad eran ya evidentes), y no del modo “desconectar” como algunos podrán interpretar, ya que el “desconectar” -desde mi punto de vista- no es tan “directo”. Quizá esto último que digo no justifique mi idea de violentar, pero si nos puede ayudar a comprender más acerca de nosotros mismos, por lo que somos y lo bueno que podemos sacar de nuestras torpezas, aunque sea ínfimo, pues el estado básico característico del caos de nuestra existencia es que no podemos evaluarlo a partir de una sola y simple variante como lo es la violencia, pero por algo se empieza, no?.
CDQB
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